La psicología positiva entra en las aulas


 

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Juan Humberto Young, de pie, en una clase del máster.

¿Sabía que las élites ricas de los países desarrollados donde hay igualdad socioeconómica viven entre cuatro y diez años más de media que el resto de sus conciudadanos? Lo dice Juan Humberto Young, socio de Positive Organizational Design Ag (Podag) y uno de los pioneros en aplicar la psicología positiva a la estrategia organizativa. A su juicio, las emociones positivas tienen un efecto terapéutico, pues al mantener el ritmo cardiaco, la salud de la persona no se resiente. ¿Y qué emoción es más positiva que la felicidad?

«Todo el mundo cree que la felicidad es innata. Y no es así. Es una competencia y, por tanto, se puede aprender», sentencia Young, también director académico del programa Executive Master in Positive Leadership and Strategy de IE Business School. ¿Cómo? A su juicio, sencillamente realizando actividades repetitivas que eleven el grado de felicidad, algunas muy simples, como el agradecimiento a los demás o como el repaso consciente a las cosas buenas que cada uno tiene en su vida. Técnicas fáciles que también son aplicables al mundo de la empresa, pues, como dice este consultor estratégico, la dinámica del negocio se basa en las relaciones humanas. «La psicología positiva quiere llevar las emociones positivas a la empresa. Pues el gran descubrimiento científico es que estas emociones se convierten en un nutriente, en el abono a partir del cual se genera creatividad, que es lo que todas las compañías quieren».

La oferta de las escuelas internacionales

La española IE Business School, la primera escuela de Europa según el ranking de Financial Times, es pionera en el desarrollo de un máster específico de liderazgo positivo de un año de duración, pero no es la única que se ha preocupado por llevar este campo de la psicología al mundo de la gestión directiva para que se implementen sus herramientas en las organizaciones. Sorprende que sean algunos de los mejores centros de educación de directivos australianos los que parezcan más preocupados por desarrollar este tipo de liderazgo. La Australian Business School ofrece un programa de dos días dirigido a directivos con experiencia por 2.500 euros y, en la Universidad de Melbourne, la Facultad de Economía también dispone de un módulo que pretende desarrollar técnicas para la eficiencia de los ejecutivos, igualmente durante dos días y con un coste un poco inferior, de algo más de 1.700 euros.

Pero si hay una escuela de negocios que ha marcado el paso en este tipo de programas, esa es la de la Universidad de Michigan, que, de hecho, cuenta con un espacio específico para investigar sobre el liderazgo positivo denominado Centro para las Organizaciones Positivas. El centro de educación de ejecutivos Michigan Ross dispone de un máster que se desarrolla entre diciembre y junio destinado a incrementar la rentabilidad, la satisfacción de los clientes y la retención de los empleados. En este caso, el precio supera los 7.500 euros.

La propia Universidad de la Paz, de Naciones Unidas, da credibilidad a la utilidad de la psicología positiva en la dirección de las organizaciones con un programa de liderazgo positivo que promueve en su centro de educación ejecutiva, Upeace. Con una duración de dos días, su precio es de 645 euros.

En la colombiana Universidad de los Andes se ofrecen cursos similares, lo mismo que en algunos centros europeos, como la École Centrale de Paris (dos días por un precio de 5.500 euros). Aunque en este caso son menos.

Los másteres de liderazgo positivo aún no están tan extendidos como los de psicología positiva, presente en las mejores universidades del mundo, véase Harvard o Stanford, incluso en formato MOOC (cursos masivos abiertos online).

«Esta disciplina trata de descubrir la serie innata de fortalezas que tiene cada persona y que están dormidas», explica Young. «Al sacarlas a la luz, los empleados aumentan su productividad, trabajan de forma más autónoma, y ello genera confianza en las organizaciones», continúa el director del máster de IE, quien pone como ejemplo de organizaciones que han puesto en práctica estas teorías a Google, Nestlé y Facebook, entre otras.

Las estadísticas dan la razón a este experto y a los responsables de IE Business School, que decidieron lanzar este programa innovador para ejecutivos con experiencia y mediante el que se pretende cambiar la mentalidad y los hábitos de los dirigentes para crear las compañías del futuro, en palabras del decano de la escuela de negocios, Santiago Íñiguez. De hecho, según la Universidad de Wisconsin, una mente positiva es un 31% más productiva que una negativa o estresada, y también que una neutral. Hay más, Harvard ha demostrado que los empleados satisfechos elevan un 37% sus ventas sobre el resto de la plantilla. Y cuando están contentos con su trabajo, los días de baja por enfermedad descienden más de la mitad.

Y también los alumnos directivos que han cursado el máster de liderazgo positivo, por el nada desdeñable precio de 46.200 euros, avalan su utilidad. «Se trata del único programa de este tipo que existe hasta ahora. Pues en otras escuelas de negocios la psicología positiva se toca en algunos módulos, pero en ninguna se ofrece un programa específico de 13 meses de duración como este», indica Naira Pérez-Alonso, responsable de admisiones de dicho máster.

Roberto Zurdo, manager de servicios avanzados de la Región Mediterránea de Cisco, es uno de estos alumnos. Como la mayoría de los 22 que conforman la clase, «buscaba una formación diferente porque la mayoría de las empresas siguen los mismos patrones y, por tanto, llegan a los mismos resultados. Como el mundo está cambiando, creo que es necesario que nos adaptemos a esos cambios».

Tras realizar el máster de liderazgo positivo de IE, se está replanteando muchas cosas, reconoce. Su mayor aprendizaje: «Ver el mundo de forma neutral. Sin prejuzgar. Ha sido como una revelación tras la cual estoy revisando las relaciones con mi equipo», asegura Zurdo. Artur Aguirre, presidente y consejero delegado de la consultoría portuguesa Fairmont, apoya sus conclusiones: «El programa me ha aportado una experiencia de autoconocimiento extraordinaria. Me he quedado sorprendido de lo poco que me conocía. Y he aprendido a elegir los procesos mentales que quiero usar en cada situación. Si empezamos a liderar nuestra forma de pensar, cometeremos muchos menos errores, y si esto lo trasladamos a las organizaciones, el cambio será automático».

Y uno de los grandes errores de los que se ha dado cuenta Aguirre a través de este curso es que había «perdido durante mucho tiempo la capacidad de absorber el enorme talento» de sus empleados «por la lógica del ego». O de que las negociaciones con sus nuevos socios de Mozambique se habían bloqueado por defender el punto de vista portugués y olvidar el africano. «Querer hacer las cosas a nuestra manera genera ineficacias. Ahora vemos que hay una realidad diferente, la comprendemos, y se ha desbloqueado la negociación», explica el presidente de Fairmont.

«Llevo trabajando 10 años en Unicef y no sabía qué hacer con mi carrera profesional ni con mi vida personal, estresada por la falta de tiempo como madre de tres niños y por mi afán de controlarlo todo», cuenta Amal Obeid, responsable del Programa para la Adolescencia en Unicef Líbano, que, tras cursar el programa de liderazgo positivo, se reconoce más calmada, sin miedo y capaz de aceptar unas críticas que antes minaban su carácter. Ha aprendido, dice, que no tiene por qué controlarlo todo y ya sabe qué va a hacer con su porvenir. Para empezar, no es ella la única que practica la meditación aprendida; sus tres pequeños vástagos ya están aprendiendo.

 

 

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