¿Cómo cuidar la salud cerebral de los más pequeños?


 

Los más pequeños no vienen con manual de instrucciones. Aunque los padres reciben los mejores consejos de los abuelos y los profesionales sanitarios para lidiar con los cuidados del día a día, apenas reciben formación sobre cómo mantener una buena salud cerebral en los más pequeños. Un cerebro sano ayuda a los niños en tareas esenciales como la concentración y la memoria, además de contribuir a un estado de ánimo positivo frente a cualquier reto. ¿Conoces las áreas clave del cuidado del cerebro en los más pequeños? Álvaro Bilbao, doctor en Psicología, neuropsicólogo clínico y autor de «El cerebro del niño explicado a los padres» y «Cuida tu cerebro y mejora tu vida» nos da las claves para mantener una buena salud cerebral en los niños.

«Sabemos que hay una serie de claves que pueden ayudar a nuestros hijos a tener una adecuada salud cerebral y conservar la mente en un estado óptimo desde la infancia hasta la vejez», explica Álvaro Bilbao. «Por ejemplo, el sueño es una de estas claves y sabemos que la mayoría de los adolescentes apenas duermen entre 5 o 6 horas. De hecho, tan solo un 2% de los adolescentes duerme más de ocho horas», añade el doctor.

Las seis áreas clave para cuidado del cerebro en los niños

• Amor: El cerebro del niño no se puede desarrollar si carece de afecto. Diferentes estudios han demostrado que los niños que crecen en un entorno de privación afectiva sufren un gran deterioro en el desarrollo cerebral. Por tanto, coger a los más pequeños en brazos, darles cariño y, en definitiva, demostrar afecto hacia los más pequeños ayuda a su salud cerebral. No obstante, el amor hacia los más pequeños no debe dejarnos caer en uno de los errores más comunes: la sobreprotección. Estudios han demostrado que la sobreprotección hacia los niños reduce el desarrollo de la corteza prefrontal, que es la parte del cerebro encargada de afrontar las inseguridades, resolver problemas y superar desafíos.

• Ejercicio físico: El ejercicio físico no solo ayuda a los más pequeños a desarrollar sus músculos y habilidades físicas, sino que ayuda a prevenir enfermedades del cerebro relacionadas con el envejecimiento. Además, la realización de actividades físicas mejora la capacidad de concentración, el aprendizaje y ayuda a prevenir el estrés. Por tanto, es importante que los niños después de la escuela tengan tiempo libre para correr, ir al parque o hacer algún deporte.

• Nutrición: El cerebro está compuesto en un 60% por materia grasa, y son los ácidos grasos omega 3 presentes fundamentalmente en el pescado azul y los frutos secos la mejor opción para cuidarlo. Por el contrario, las grasas de baja calidad como el aceite de palma deben ser evitadas. ¿Qué pasa con las frutas y las verduras? Las frutas y las verduras ayudan al bienestar emocional de los más pequeños, en parte debido al alto contenido en triptófano y vitamina D de algunas frutas y hortalizas como los plátanos o los champiñones. De esta forma, las grasas saludables ayudan al desarrollo intelectual y las frutas y verduras al bienestar psicológico.

• Sueño: El cerebro aprovecha las horas de sueño para consolidar la memoria y hacer su rutina de mantenimiento. Por ello, es de vital importancia que los más pequeños, y los no tan pequeños, duerman al menos 8 horas diarias. Los padres juegan un papel muy importante en que los más pequeños adopten una buena higiene de sueño, ya que si los progenitores duermen pocas horas los niños copiarán el hábito de los padres.

• Autocontrol y capacidad de saber esperar: Vivimos en la era de la inmediatez en la que todo ocurre de manera instantánea. La paciencia no es solo la mejor virtud del cazador, diferentes estudio afirman que una de las variables cognitivas que más predicen la capacidad de un niño de alcanzar sus metas en la vida es la capacidad de saber esperar. De hecho, algunos estudios incluso aseguran que esta capacidad es la que mejor predice la nota de selectividad.

• Socialización: El ser humano es ante todo un animal social con la necesidad de establecer relaciones con otros semejantes. No hay mayor prueba que dejar a dos niños pequeños juntos para ver cuánto tiempo tardan en interactuar. Los niños suelen cumplir esta tarea sobre todo en los entornos escolares donde están rodeados de otros niños de características similares a ellos.

Fuente: www.abc.es

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