El grito mudo de un niño maltratado


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El grito mudo de un niño maltratado

 

Primero calló. Luego, lo borró de su mente. «De repente: un olor, unas palabras… ‘Sabes que yo te quiero mucho. Esto no se lo puedes contar a nadie porque puedo ir a la cárcel‘». María sólo era una niña de tres años cuando escuchó esta frase por primera vez, o al menos eso es lo que ha deducido con la ayuda de su psicólogo. Su padre y sus hermanos abusaron de ella; fue una hija «obediente» y guardó el secreto. 40 años después, la voz ya no le tiembla y ha conseguido dejar de llorar al verbalizar su dolor. El abuso sexual es una de las formas de maltrato infantil que se presentan en esta sociedad, le acompañan el físico y el psicológico. Pero, ¿cómo proteger a los más pequeños cuando el daño lo infringen las personas que están ‘obligados’ a querer?

‘Un padre que crea un entorno donde priman la violencia y el miedo, no es precisamente un referente paterno válido’

Vanesa, víctima de maltrato.

Nadie supo ver en sus ojos, nadie supo escuchar sus gritos mudos. Ni siquiera su madre, demasiado mayor para conocer ahora una verdad como ésta. Su padre y uno de sus hermanos han muerto. Nunca les pudo odiar. «No puedes odiar a tu padre, tienes que quererle«, cuenta María. Marcada de por vida, tuvo que separarse de su marido para conocer la profundidad de la herida. «Tenía muchas crisis sin saber por qué; cuando mantenía relaciones tenía que ser muy despacio, el olor me daba un asco tremendo…», fueron las terapias lo que dieron respuesta a sus preguntas.

María desechó la posibilidad de la confrontación, aún tiene grabado a fuego el día que dijo «basta». Tenía 14 años y su hermano mayor quiso tocarla. «Como ya tienes quien te lo haga», fue la respuesta de su agresor ante su negativa. «Muchas veces las palabras duelen más que los hechos», dice.

Asegura que ya les ha perdonado, aunque hay algo que todavía la desvela: «Muchas veces pienso en sus hijos -de su hermano-. Qué estará pasando con ellos y qué hubiera pasado si yo hubiera hablado». Lo ha superado, pero reconoce que hay veces, «cuando duermo sola, el miedo me ahoga».

Violencia psicológica, física y sexual

Demasiadas ‘Marí@s’. No hay datos, ni estadísticas, pero la violencia infantil -psicológica, física o sexual- es una realidad universal constatada en el informe Pinheiro de la ONU.

‘Ignorar a un niño o una mirada de desprecio es mucho más violento que un cachete. A un niño le hiere mucho más una humillación’

Margarita García Marqués, psicóloga.

«¿Pero qué es violencia y qué no?» Se pregunta Margarita García Marqués, psicóloga especializada en maltrato infantil, «ese es el problema, establecer los límites». García Marqués explica que «ignorar a un niño o una mirada de desprecio es mucho más violento que un cachete. A un niño le hiere mucho más una humillación, un desprecio». Por ello hace hincapié en que hay que trabajar mucho con los adultos para evitar ciertas situaciones «porque a nadie nos enseñan cómo ser un buen padre».

Otro de los grandes obstáculos en esta lucha es la amplia aceptación social de algunas formas de violencia. «Muchos casos no son ni denunciados«, explica Yolanda Román, jurista y portavoz de Save the Children. «Se consideran cosas privadas, no se ven y cuando se ven la gente piensa que no es de su incumbencia. Hay madres que no denuncian porque no tienen fe en el sistema y piensan que será peor para el niño».

También señala Yolanda, el tema de la vergüenza. «Lamentablemente estos casos siguen generando vergüenza social». «Los servicios sociales eran uno de los mejores métodos para detectar esta lacra» por lo que denuncia el flaco favor que le han hecho a los pequeños con «los recortes y la falta de recursos» para este servicio.

¿Cómo saber si un niño está siendo maltratado?

Hay señales. «El más fácil de detectar es el maltrato físico. Si el niño tiene magulladuras, moretones, heridas en su cuerpo», cuenta Margarita García, que especifica que también estos pequeños también muestran una actitud de defensa corporal, «cuando vas a tocarles, aunque sea una caricia, hacen el amago de defenderse. También se encogen y asustan con mucha facilidad».

García detalla que hay que estar atentos en la escuela para ver qué papel tiene dentro del grupo. Puede adoptar tres: «El de víctima de nuevo, el de agresor o el de protector con otros». Es fácil que un maltratado se convierta en maltratador, «en casa está aprendiendo que amar es que te peguen, entonces pega o busca que le peguen«.

«Los niños son personas con derechos y que se tiene muy poco respeto por ellos, incluso desde la instituciones».

Yolanda Román. Save the Children.

Cuando se trata de maltrato sexual, que no implica maltrato físico, el niño «puede tener incluso conductas sexualizadas, depende si el abuso es con ‘ternura’. Corporalmente hablando no muestra una defensa, puede incluso buscarlo».

La vejación, la humillación es menos visible. Pero también se nota porque «ellos tienden a repetir esta conducta o, todo lo contrario, a ser de nuevo víctimas». También existe el que se pone a cuidar de otro «te olvidas de lo que tú eres para cuidar a los demás».

Hay que tener en cuenta que esta situación «limita el conocimiento y el aprendizaje. Tienen una parte de atención puesta en la defensa, se bloquean, se ausentan», aunque también hay casos que se refugian en los estudios.

«Si lo trabajas psicológicamente «se puede romper el juego, se puede transformarse, cambiarlos«. Para ello es importante un punto de referencia, que encuentren un tutor, un educador en el que querer reflejarse. Un punto a favor es la resiliencia de los niños, el asombroso poder que tienen para recuperarse.

Margarita García cuenta que la parte más complicada es ayudarle a quitar las creencias que ha generado. «Se fijan en el alma del niño y lo dañan por dentro». No obstante, «hay salida sí; si les educamos bien».

Desde las instituciones

Sino hay datos ni un diagnóstico claro es más complicado tomar medidas adecuadas. No obstante, Yolanda Román apunta no sólo a una respuesta penal -piden una Ley integral para combatir la violencia contra la infancia- sino también, dependiendo de los casos, a «medidas sociales de conciliación. Hay que intentar ayudar a sus padres, hay que protegerlo, pero no sólo en casos concretos».

Señala que los niños son personas con derechos y que se tiene muy poco respeto por ellos, incluso desde la instituciones, que no están adecuadas para ellos. «No se puede someter a un niño maltratado o testigo de malos tratos a siete interrogatorios donde ni siquiera entienden lo que les están preguntando, para luego no tener en cuenta su opinión».

Dentro del Plan de Infancia y Adolescencia que Ana Mato presentó la semana pasada, se ha dado a conocer que impulsará medidas para que los menores víctimas de violencia de género permanezcan con sus madres y sean considerados «víctimas» tanto directas como indirectas. La consideración de víctima de violencia de género en un menor podría conllevar la retirada del régimen de visitas a los padres condenados, aunque no se ha concretado.

Vanesa fue maltratada por su padre durante años y «no creo que deba estudiarse cada caso particular, ni que se presente como una posibilidad. Apunta a que debería retirarse sin condiciones el régimen de visitas a los maltratadores, ya que «un padre que crea un entorno donde priman la violencia y el miedo dentro de su hogar, no es precisamente un referente paterno válido, sino más bien todo lo contrario; los niños padecen igual que la madre los gritos, los golpes, el terror y sobre todo el maltrato psicológico, sin necesidad de recibir directamente un maltrato físico».

Argumenta que «los maltratadores son también muy manipuladores, y aprovechan las visitas con sus hijos para preguntar sobre la madre y para hablar negativamente sobre ella a sus propios hijos».

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/04/10/espana/1365613133.html

 

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