Cuando el cerebro se bloquea


Cuando ocurre algo traumático, no todas las personas reaccionan llorando, gritando o mostrando sus emociones.

A veces, ocurre justo lo contrario: la persona se queda en blanco, se paraliza, parece fría, distante o incluso como si no le importara lo que está sucediendo.

Pero esa aparente indiferencia puede ser una forma de protección.

🧠 Ante una amenaza intensa, nuestro sistema nervioso puede activar respuestas automáticas de supervivencia. Además de luchar o huir, existe la respuesta de congelación o bloqueo.

En esos momentos, el cerebro puede reducir temporalmente la conexión con determinadas emociones, sensaciones o recuerdos. Es una manera de intentar hacer frente a algo que, en ese instante, resulta demasiado abrumador.

Por eso, no mostrar una emoción no significa no sentirla.

Una persona puede estar sufriendo profundamente y, al mismo tiempo, parecer tranquila, desconectada o indiferente.

A veces el cuerpo dice:
“Esto es demasiado. Primero necesito sobrevivir; después ya procesaré lo que ha ocurrido.”

Y ese procesamiento puede llegar más tarde: con tristeza, ansiedad, rabia, cansancio, confusión o incluso cuando aparentemente “ya ha pasado todo”.

💭 Por eso, ante alguien que acaba de vivir una situación traumática, quizá sea más útil preguntar “¿qué necesitas?” que asumir “no le importa”.

No todas las respuestas al trauma se parecen. Y muchas de ellas son intentos del cerebro y del cuerpo de protegernos.

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