Juegos en la piscina para niños con autismo. ¡A disfrutar!


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Ya estamos en verano y muchos papás quieren aprovechar para jugar con sus hijos en la piscina porque a muchos les encanta el agua y es una oportunidad estupenda para probar juegos nuevos y aprender muchas cosas. En este post explico pautas para pasar momentos geniales con tu hijo a la vez que trabajas un montón de cosas que os ayudarán en el día a día.

Preparándonos para ir a la piscina.

Cuando vamos a la piscina hay muchas cosas que pueden gustarle mucho y distraerle y puede ser difícil que el niño esté lo suficientemente organizado como para jugar contigo. Lo ideal es tener una pizarrita de vileda o bien un panel con pictos o simplemente una hoja donde dibujar para anticiparle los juego que vamos a hacer.

La clave es que vamos a jugar a lo que a él más le gusta, pero de una forma organizada e intercalando actividades que favorezcan su atención, control de impulsos y tiempos de espera, entre otras muchas cosas. Aquí os pongo un ejemplo improvisado:

anticipación piscina

En este caso, anticipamos que primero ibamos a jugar a guardar las pelotas, donde habíamos escrito con permanente los números y debía recogerlos por orden. Hay niños que no lo necesitan, pero a otros les va muy bien ir tachando o borrando los números en la pizarra conforme los van consiguiendo. Al principio puede que le cueste un poco entenderlo, pero si le ayudas y acompañas para que lo haga y luego tachas el número y haces una fiesta cada vez que consiga una pelota pronto entenderá cómo se juega. Primero empezamos pautando mucho y dirigiendo mucho el juego del niño, poco a poco el niño aprenderá a jugar con nosotros y no hará falta tanta guía, pero al principio es necesario empezar marcando mucho tiempos y formas de hacer la cosas para que el niño lo entienda.

Cómo jugar.

Cuando acaba la primera actividad le decimos “¡Guardar las pelotas, se acabó! Ahora toca…” la segunda actividad, que debe ser alguna que le guste mucho.

En este caso pusimos la de lanzar al niño ya que le encantaba, eso sí, antes hemos acordado las veces que lo vamos a hacer y hay que hacer esas justas ni más ni menos. Con esto le estamos enseñando a adaptarse al juego de otra persona y a respetar tiempos de espera, así como el inicio, permanencia y finalización de una actividad.

“¡Una, dos y tres!” y lanzamos al niño, el niño debe volver y entonces tachamos o borramos un número. “¡Muy bien! nos quedan dos.” y así hasta que se agoten las veces que hemos acordado, cuando volveremos a explicar que se acabó y que ahora toca la tercera actividad.

La dinámica es la misma, algún objeto que deba recoger de la piscina en un orden concreto y colocarlo en un sitio concreto de una forma concreta. Esto le obligará a estar atento y pendiente de lo que hace y cómo lo hace, de tal forma que estará “conectado” con el adulto y aprendiendo durante el juego. En este caso meter aros de diferentes colores en un pincho. (pueden ser animales, coches, pelotas que simulan planetas y pedírselos por el nombre…intentaremos aprovechar los intereses del niño). Si el niño es muy activo y está en buena forma podemos poner la caja o pincho o lugar donde tiene que dejar los objetos que recoge fuera de la piscina, para que tenga que entrar y salir cada vez y así haga más ejercicio.

Después de esta actividad más intensa, ponemos una más tranquilita y fácil. Puede ser saltar abrazados fuertemente (si le gusta) en el agua al ritmo de su canción favorita o esa canción que sabes que le relaja. Si no se te ocurre ninguna canción o no se te da bien cantar puedes contar hasta veinte rítmicamente a la vez que cantas. Normalmente les gusta pero no aguantan mucho tiempo. Es importante que acabes la canción o que no pares hasta que no llegues al veinte. Si ves que quiere más puedes repetir, si no, pasamos a la siguiente actividad.

La última actividad propuesta este día fue tan simple como saltar al agua pero no de cualquier forma, sino entre dos chanclas colocadas en el borde de la piscina y no desde nungún otro punto. Podemos tirarnos con él, dejar que nos empuje, etc. pero la dinámica debe ser la misma, nos lanzamos entre las chanclas, salimos de la piscina y nos volvemos a lanzar entre las chanclas, hasta que se acaben las veces que hemos pautado.

Finalmente este día acabamos volviendo a hacer la actividad número cuatro para volver a la calma. El niño había disfrutado muchísimo y había hecho mucho ejercicio, así que cenó de maravilla y durmió como nunca…y el papá también.

Tras repetir varias veces este sistema, al final padre e hijo se entendían perfectamente y sin tanta anticipación funcionaban genial durante los juegos, unas veces decidía el papá y otras el niño, lo importante era acordar bien antes cuántas veces y cómo y sobretodo siempre en un ambiente lúdico y divertido, al fin y al cabo, estaban jugando.

¡Ánimo, poneos los bañadores y a jugar como niños! No os arrepentiréis.

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